EL OTRO VOS

La vida del no revelado

El otro vos » 01/03/2019

Se cumplen diez años desde que la empresa Kodak admitió en una nota, estar en una crisis financiera porque la gente había dejado de revelar sus fotos. En ese artículo de 2009, la empresa le decía a la gente que leía esa nota que no tengan miedo que iban a seguir produciendo rollos de 35mm (los rollos que se usaban en las máquinas analógicas).
Para un señor que se llama Roberto Martínez y fue el gerente general de Kodak en el año ´97, las fotos eran un «básico en la canasta de sentimientos… porque nadie deja de comprar algo por el costo de un rollo».
¿Qué pasaría si le decís a uno de tus hijos, sobrinos, o amigos nacidos después de 2005 que a partir de ahora Instagram va a dejar de existir porque no hay más redes sociales?. A partir de ahora, si quieren sacar una foto, el celular no va a tener esa opción, sólo van a poder utilizar unos ladrillos del tamaño de una hamburguesa y que para ver el resultado de treinta fotos, tienen que pagar trescientos pesos y eso es el esfuerzo de toda una familia. Cuántos van a dejar de sacar fotos, cuántos van a perder recuerdos y cuántos van a cometer el delito de esperar por lo menos una hora con el sudor entre las manos, por saber si tu rollo fue revelado. Porque el problema que tenemos ahora es si salimos bien o mal, si la luz es buena o mala, pero en ese momento el problema era que todo ese proceso haya valido la pena.
La primera foto que saqué en mi vida fue con la cámara de mi abuela. Me acuerdo que le saqué una foto al sol a las dos de la tarde. Mi abuela era la única persona a la que no le importaba ir a la casa de fotos, dejar el rollo, esperar una semana, volver a buscarlo, tener diez fotos veladas y una foto completamente quemada por el sol de las dos de la tarde. Menos le importaba poner la foto en el álbum con un papelito que dijera «la primera foto».
Las fotos venían en un sobre escrito a puño y letra por el agente del revelado, indicando cuantas fotos habías sacado, cuantas salieron y cuántas se velaron. Si tenías mucha pero mucha mala suerte, el rollo se velaba completo, entonces te explicaban cómo ponerlo correctamente. La parte que más me gustaba a mí, era poner las fotos en los folios plásticos y agarrar la plancha de stickers con los globos de diálogo y cambiarle la intención a las expresiones de las caras y mejor aún, hacer hablar a las mascotas. Esos eran los GIF´s de los ´90.
Sacar una foto era un acto de confianza para el que tenías que estar instruido.
Antes de un acto, chequeabas pilas, rollo y corrías la perilla del flash si así correspondiese. Significaba tanto esfuerzo que eso también es parte del recuerdo.
Nunca me voy a olvidar que una de las fotos más significativas que saqué fue la de la mudanza del «Dadito» de la calle Mitre al local de al lado, uno más chico. También me acuerdo otra de mi abuela posando al lado de un cartón de L´oreal con la figura de una mujer tamaño natural. Y una de las más tristes, fue cuando el «Dadito» cerró para siempre en 2001 y a todos se nos cayó la estantería.
Al revelar un rollo por ejemplo el de tu viaje de egresados, podías encontrar muchas sorpresas. Siempre era una buena idea pedir prestado una cámara de otro y fotografiar aquello no deseado. Y eso sin valorar el hermetismo del personal del revelado que jamás dio a conocer fotos privadas de personas anónimas.
¿Dónde estará Roberto Martínez?. Me pregunto qué pensará de comprar rollos y cuál será su «básico en la canasta de sentimientos» ahora que 130 años terminaron en fracaso y no es culpa de nadie. Yo le diría que no tenga miedo, que la gente va a seguir produciendo recuerdos. Puede que los mejores no estén guardados en rollos de 35mm.

 

Nahir Haber (*) Desde La Haya, Holanda.


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