Municipio ausente, vecinos presentes

Sociedad » 01/03/2019

A raíz del abandono del municipio en el barrio Los Tronquitos una vecina posteó vía Facebook la impotencia de ver a su hijo no vidente caminando en medio de pastizales para poder tomarse un colectivo. La publicación se hizo viral y con ayuda de los integrantes solidarios del “Colectivo-peluquería”, varelenses se organizaron para ir a cortar los yuyales.
El hecho de vivir en Florencio Varela y ser de las zonas más alejadas del casco céntrico, como “La Capilla”, es una odisea para cualquier vecino, y aún más cuando se tiene algún tipo de discapacidad.
Un sábado a la mañana Lidia Mela, trabajadora municipal del distrito, acompañó a su hijo Gastón, de 18 años, a realizar sus actividades al Polideportivo La Patriada. Durante el camino el adolescente le manifestó a su madre que esta vez quería caminar sin ayuda e ir solo. En el andar, Lidia notó que su bastón se enredaba con el pasto. “Me dio una impotencia y ganas de llorar de la bronca que saqué la foto y le dije que esto había llegado a un límite”, dijo Mela a Mi Ciudad.
La mamá no dudó: pese a trabajar para el municipio, publicó la problemática por la que tiene que pasar Gastón cotidianamente para poder trasladarse a cualquier lugar. La publicación decía: “este es el campito por donde tiene que pasar mi hijo todos los días para ir a la escuela o Varela. A quienes deberían ocuparse no les importa la gente que vive en Los Tronquitos”.

Los vecinos se hicieron eco de la publicación hasta que se hizo viral. Ezequiel Taborda Y Pamela Sosa, integrantes de la barbería solidaria, propusieron en el grupo de Facebook “Varela por Varelenses” desmalezar el camino y organizar así la tarea de sanidad del espacio.
Al día siguiente, los vecinos se concentraron a las 17.30 en la esquina de Alberdi y Mitre. Mientras esperaban a que llegaran más vecinos Pamela contó que el propio intendente, Andrés Watson, se comunicó con ella la noche anterior, y le pidió que no vayan a cortar el pasto ya que ellos se iban a acercar en la semana, a lo que Pamela le contestó, “no, nosotros vamos igual”.
Al llegar al lugar, los vecinos comenzaron a cortar los pastizales y a lo lejos de la diminuta vereda de cemento, que atraviesa el campo, se asomaba con un machete en la mano Lidia junto a su hija Noelia, las dos sumándose a realizar una tarea que tendría que hacer el mismo municipio.
Cada vez que llueve se torna imposible caminar por esa vereda. Se inunda y no se llega a distinguir al estar tapada por el agua. “Es una laguna de punta a punta”, destacó Lidia. Vale recalcar que el camino lo hizo el municipio en 2000, tras la muerte de dos jóvenes que caminaban sobre la ruta 53.
La lluvia obliga a Gastón y a su madre a caminar por el costado de la ruta, propensos a que suceda cualquier accidente de tránsito. Cuando el clima es agradable tienen la posibilidad de pasar por aquella vereda pero los problemas persisten: “por ahí pasan las víboras y bichos que se crían en el campo”, afirmó la hermana de Gastón.
Lidia reclamó desde siempre por ese lugar, la última vez que lo hizo fue antes de que finalicen las clases. Llamó a la municipalidad y manifestó que tenía un hijo no vidente y que al caminar por los pastizales altos él no distinguía, tocando con su bastón de lado a lado, los bordes de la vereda. Lo cual provocaba que Gastón continuara de largo al pasto con la suerte de no toparse con una zanja o seguir hasta la ruta.“Me contestaron, si, ya sabemos de tu hijo. Me tomaron el reclamo pero nunca vinieron y lo peor es que no te dan ningún número y esto se convierte en su palabra contra la mía”, y agregó, “Yo soy empleada municipal hace diez años y aún así no tuve respuesta”.
Noelia, afirmó que al principio cuando su madre estaba por ingresar a trabajar en la municipalidad no quería reclamar por miedo a aparecer en el sistema y no conseguir el necesitado empleo. “Se supone que por trabajar en el municipio una tiene que estar calladita, no es así”, dijo la hermana de Gastón.
Los Tronquitos es un barrio olvidado desde 2012 en el que los vecinos, entre ellos Lidia, se unieron para reclamar por la colocación de un semáforo en la esquina de aquel campo teniendo en cuenta que enfrente se encuentra la Escuela 8, lugar al que asiste Gastón. Le escribieron ese mismo año al entonces intendente, Julio Pereyra, pero hasta el día de hoy no obtuvieron respuesta.
Luego de que la publicación fuera viral y se conociera que los propios vecinos cortaron los yuyales, la Municipalidad se hizo presente en el lugar. A los dos días.
Ante este caso cabe preguntarse, ¿es necesario que los reclamos se hagan de público conocimiento en redes sociales o que suceda un accidente, para que las autoridades tomen cartas en el asunto?.


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