EDITORIAL

Pequeñas distancias, grandes diferencias

Editorial » 01/04/2019

¿A alguna madre en su sano juicio se le ocurriría hablar de la enfermedad de su hija a través de un video editado por expertos en cine y con música dramática de fondo?
Seguramente que no. Pero no fue este episodio que involucra a su hija Florencia la única vez que Cristina Kirchner utilizó el recurso de la lástima a través de un tema de salud. Ya lo hizo cuando apareció por cadena nacional mostrando innecesariamente un pie con una bota ortopédica para referirse a la muerte de Nisman, del mismo modo que prolongó por más de tres años el luto por la muerte de su marido. Buscar empatía a través de la pena es uno de los más viejos recursos de la política y de varias relaciones sociales o familiares.
Es una lástima que la ex Presidenta, tan afecta a los golpes emocionales, no haya aprovechado este impecable corto para contarnos también por qué su hija tenía cinco millones de dólares en una caja fuerte, y por qué junto a un jardinero eran los dos únicos empleados de una empresa que alquilaba hoteles por enormes sumas pero que sin embargo tenían sus habitaciones vacías.
Cristina y Florencia, así como su hijo Máximo, deberán ir a juicio oral en poco más de un mes por esta causa. La ex mandataria, además, tiene otros nueve procesamientos. Pero Florencia está ahora en Cuba, atendiéndose de un problema de salud, que bien podría haberse resuelto en nuestro país. ¿O acaso no existen en Argentina médicos y centros asistenciales competentes para atenderla?
Ojalá que sea cual sea su enfermedad o afección, Florencia pueda recuperarse totalmente, para así poder sentarse frente al juez como debe hacerlo cualquier ciudadano sospechado de un delito y defenderse de las acusaciones que pesan en su contra.
Cristina y Máximo tienen fueros que no permitirían en principio su detención. No es el caso de la joven, que siempre se mantuvo afuera de las listas políticas, pero que sí es parte importante de las sociedades familiares que están bajo la lupa de la Justicia.
Aquellos fueros, que nacieron en una Argentina distinta, y en otro siglo, para evitar que opositores al gobierno de turno fueran encarcelados por el simple hecho de profesar una idea diferente, se transformaron hoy en una herramienta para garantizar la impunidad de una casta política que se siente por encima del común de la sociedad, y aprovecha de este privilegio y muchos otros para hacer de ellos una constante durante toda su vida.
Así estamos, con un ex Presidente doblemente condenado, y una ex Presidenta multiprocesada, ambos ocupando una banca en el Senado por la complicidad del peronismo, que a la hora de protegerse siempre se olvida de sus divisiones y ambiciones.
A no muchos kilómetros de aquí, en los últimos tiempos, Brasil se atrevió a meter en la cárcel a dos ex mandatarios, vinculados a casos de corrupción.
Pequeñas distancias, grandes diferencias.


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