ENTREVISTA

Luis Omar Sánchez

Entrevistas » 01/07/2019

A los 71 años, Luis Omar Sánchez fue profesor de decenas de varelenses, entre los que se encuentra el autor de este reportaje. Nacido el 7 de noviembre de 1947 en Avellaneda, fue siempre un docente de carácter amable y calmo, atento a las necesidades y particularidades de sus alumnos. Aunque no nació ni vivió nunca en nuestra ciudad, tiene una vasta trayectoria en ella: dio clases en la Escuela Nacional de Comercio, el Instituto Santa Lucía, la EET N 1 y la EEM 2, donde terminó siendo su Director por siete años. También se desempeñó como Director de Deportes de la Municipalidad de Florencio Varela, y por 28 años, fue el activo Director del Centro de Educación Física 102 de nuestra ciudad. Participó en la fundación del Ateneo del Instituto Santa Lucía, y fue asesor de su primer Centro de Estudiantes, por entonces llamado «Club Colegial», que presidió el «Turco» Hayes. En la actualidad, se dedica al «newcom», actividad deportiva para adultos mayores que se realiza en «La Patriada» y en el CEF 102. Casado con la también profesora de Educación Física Silvia Cattenazzi desde hace más de 50 años, tuvo cinco hijos: Pablo, Gonzalo, Ariadna, Nicolás y Guillermina, tiene seis nietos y dos bisnietos. Con él recorrimos algunos momentos de su vida.

-¿Qué nos puede contar de sus padres?
-Mi papá y mi mamá eran comerciantes. Tenían una carnicería y mercadito, el primero del barrio. Él venía en carro a matar a las vacas en el Matadero de Varela, y a veces yo lo acompañaba. Llegar ahí era un laberinto. El único camino que estaba medio pavimentado era el del Instituto Biológico, y la avenida Novak, que lógicamente todavía no se llamaba así, estaba adoquinada. Ellos vivían originalmente en Villa Domínico y cuando yo tenía cinco años nos mudamos al Barrio Parque Calchaquí, donde transcurrí mi niñez y gran parte de mi adolescencia.
-¿Cómo eran ellos?
-Muy ocupados por el laburo. Me crié en un hogar de trabajadores. Ellos antes de tener el mercado habían sido obreros, papá en la Siam y en un laboratorio metalúrgico. Y mamá en una empresa textil.
-¿Dónde hizo la Primaria?
-Hice primer grado en la Escuela 55 de los Cooperarios, y después me pasé a la Escuela 40, de La Florida. La Secundaria la empecé en el Comercial de Varela.
-¿Por qué en nuestra ciudad?
-Estaba ligado a Varela porque mi papá tenía conexiones comerciales acá, por ejemplo, con los Ghio, a los que les vendía los cueros que se retiraban del Matadero. A mí me tocó alguna vez venir a buscar la recaudación. También me tocaba venir los domingos a buscar las pastas Nieto, que estaban en donde ahora está el bar de Los Angelitos, en la Estación, y las llevába para vender en el negocio. Viajaba en El Halcón. Iba a tomarlo a la avenida Calchaquí, seguía hasta Yrigoyen, entraba hasta San Martín y llegaba a la Estación. Y había otra conexión varelense: un primo mío que era pastor evangélico, tenía la Iglesia en donde ahora está la sede de Mi Ciudad. Se llamaba Samuel Schmunk, y después lo reemplazó el pastor Marzili. A mí me traían a la Iglesia Evangélica Bautista con mis primos. Hasta que nos rebelamos cuando yo tenía alrededor de doce años, y no quisimos venir más.
-¿Qué encontró en el «Comercial»?
-Estaban como profesores Tino Rodríguez, Bossi, Alicia Villar, Malena Dreyer... Eran años de convulsión, tiempos de turbulencias políticas, con la problemática de los laicos y los libres, algo de lo que nosotros no teníamos ni idea… Y cuando yo estaba cursando el primer año, un cliente de mi papá que era capitán de navío estimuló a mi viejo para que yo hiciera el Liceo Naval. Así que me empecé a preparar para el ingreso, en lo que fue casi una maratón. Pero pude ingresar.
-¿Qué pasó después?
-Estuve dos semanas adentro y me fui. Porque no encajaba, no podía estar encerrado. Así que intenté dar las materias que me habían quedado. Como me preparé en Matemáticas con doña María Bossi, ella me ordenó un poco… Estaba en el Santa Lucía y me aconsejó ir para allá. Y ahí arranqué… Tuve a Tino como profesor de Geografía, a Piccina Fernández en Dibujo, a Elena Gibelli en Música… A la señora de Neuman en Francés. Y a Siarretta, que también estaba en el Comercial, en Educación Física.. Otro profesor que estaba en los dos colegios era Miranda, que daba Música, y es el que creó la canción del Santa Lucía. Todo fue muy bien, pero a la mitad de segundo año nos mudamos a Mar del Plata.
-¿Cómo era Siarretta en esa época?
-Ahhh…. ¡Terrible! Nos tenía… temblando. Nos daba clases en el Varela Junior y un día, cuando lo estábamos esperando, empezamos a hacer una guerrilla de naranjas en la vereda. ¡Uy, cuando vino y se enteró! ¡No sabés el baile que nos pegó! Nos tuvo toda la hora corriendo… Era muy exigente. Con los alumnos y con él mismo. Su vida fue así.

-¿Quiénes fueron sus compañeros en el Comercial?
-Tito Belmonte y su primo, una chica Cristina Torres…
-¿Y en el Santa Lucía?
-Antonio Sequeira, Carlos Parenti, Luna, Ottone, Renzo…
-¿No había chicas?
-No, estaban en otra división. Para verlas teníamos que esperar al mediodía, o ir a misa.
-Ahí cambió de religión…
-¡Hasta nos sellaban la libretita para ver si habíamos ido a la misa! En ese tiempo estaba el Padre Arévalo en el colegio.
-¿Cómo era?
-Macanudo, de avanzada, y medio de la tendencia tercermundista. Abandonó los hábitos y se fue con una mujer. Fue muy comentado eso. Y no supimos nada más de él. Era un cura que se arremangaba la sotana, hacía el pastón, y ponía ladrillos en el colegio. Y gracias a él hicimos el primer baile, en la vieja sede en Montevideo y Florida.
-¿Sabía que iba a ser profesor?
-Después de lo del Liceo Naval, había algo adentro mío que me decía que me gustaba enseñar. Enfrente de casa vivía un profe de Educación Física, Carlos Raris, al que me pegué mucho. El construyó una pileta de natación en el barrio y daba clases ahí. Yo empecé a acompañarlo cuando enseñaba a nadar. Yo tenía 13 o 14 años, y me gustaba eso. Y me fui haciendo al lado de él. Corregí mi estilo de natación y aprendí a enseñar a nadar. Y cuando me mudé a Mar del Plata, él me recomendó para que diera clases en una pileta en La Perla, y ahí fui, con solo 16 años. Después conseguí un trabajo en la playa, y fui caddie en el Golf Club de Mar del Plata por dos temporadas, donde me acompañó un compañero del Santa Lucía, Emanuel Fagozatta, que era un personaje, y fue a verme un fin de semana y se quedó 20 días… Raris había trabajado con Rodolfo Torrecillas, el preparador físico de la Selección Nacional de Fútbol, con el que también di clases en el Comercial. Y la esposa de Raris, de apellido Fernández, era pariente de los que donaron las tierras para que se levante la Iglesia San Juan Bautista. El me enseñó mucho, nosotros éramos como indiecitos, del medio del campo, no sabíamos muchas cosas.
-¿Dónde hizo el profesorado?
-En San Fernando. Y seguía en contacto con Tino, a quien venía a ver a Varela. Cuando me recibí empecé a dar clases en el Santa Lucía. En marzo de 1973 una profesora renunció a las horas de las mujeres y Tino me llamó, ofreciéndomelas. En ese momento había una prohibición de que los hombres pudieran darles Educación Física a las mujeres. Tino me dijo que no importaba, que iba a dar las clases yo. Y empecé. Yo justo no tenía nada. Había organizado la colonia de vacaciones del Club Talleres de Remedios de Escalada y solo tenía un trabajo en la Dirección de Deportes de Lanús, unas horas que me daban para organizar torneos los fines de semana, que yo acumulaba para sobrevivir. Hacía dos días que había nacido mi segundo hijo... En ese momento me llamó Tino y le dije que sí. Estuve en el colegio 40 años, con algunos intervalos cuando me tocó desempeñar cargos de mayor jerarquía y tomé licencia. Hasta que en 1977 vino un inspector a decirle a Tino que yo no podía darles clases a la mujeres. Imaginate Tino… Le dijo «acá siempre dio este profesor y nunca tuvimos ningún problema. Esto es de la Curia y la Curia apoya a este profesor, la comunidad y los padres también». «No, este profesor se tiene que ir», le dijo el inspector. «El profesor se queda», le contestó Tino. Hasta que en 1978 dividimos las horas con mi señora para descomprimir la situación. Pero el inspector volvió, y le dijo que yo no podía tener ni una hora. Ahí Tino, que estaba recaliente, lo sacó cagando… Lo echó de la Dirección. Solo Tino podía hacer eso con un inspector en la época del Proceso Militar…
-Después dio clases en el Comercial…
-Sí. Y volví al Santa Lucía cuando se abrió el PTBI. En mis últimos años en el Santa Lucía yo era el abuelo de mis alumnos. La relación con los chicos era otra… Yo llegaba y me saludaban con un beso… Sin perder el respeto. Había una relación afectiva que me dio muchas satisfacciones.
-¿Qué fue Siarretta en su vida? Hoy sabemos que es su amigo…
-Yo aprendí mucho en el profesorado, pero mi maestro fue Siarretta. Lo que yo aprendí en la práctica con el petiso, no lo aprendí con nadie. En lo profesional y en la vida. La relación que siempre tuve con él tiene un peso muy grande y más allá de algunas diferencias lógicas, fue mi modelo.
-Pasando a Silvia, su compañera de toda la vida, ¿cómo es ella?
-Espectacular, una excelente persona, como madre y como esposa, no podría pedir algo mejor. Soy un privilegiado por todo lo que tengo y todo lo que me ha pasado. Y siempre dejé los problemas en otro lado, sin mezclar mi vida privada con el trabajo.
-Y a Dios… ¿Qué le diría?
-Gracias por todo.


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