ENTREVISTA

Beby Lando

Entrevistas » 01/12/2019

María Emilia «Beby» Lando nació el 21 de diciembre de 1935, a algunas cuadras de su actual domicilio. «De esta casa me van a sacar como a Pichín. Directamente a lo de Scrocchi… Acá tengo todos mis recuerdos. Mi vida está acá adentro», dice. Justamente con su recordado marido, Pichín Fernández, tuvo un hijo, Claudio, quien es aficionado a los «fierros» como su abuelo, el mecánico Paulino Lando. Sus nietos son Patricio y Jimena, y tiene dos bisnietas: «son divinas y mellizas, se llaman Justina y Rufina, pero están lejos, en Olivos», cuenta con algo de resignación. Pero agrega: «Yo me divierto cuando las veo. Para mí lo más lindo son las reuniones de familia, tomar un café con una amiga, ahora que tenemos tantos lugares para elegir en Varela…». Aunque manifiesta su asombro por los cambios en la tecnología en las últimas décadas, asegura estar «un poco cansada de la computadora». Integró durante más de 20 años la Asociación de Padres del Instituto Santa Lucía y participó en la comisión directiva de los Talleres Protegidos «Luis Castaldo». Durante un corto período, también tuvo una marroquinería llamada «Brujas», en la Galería San Francisco. Casi al final del reportaje nos deja una confesión familiar: «Siempre fui la preferida de mis tíos. Pero no hace falta poner eso».

-¿Cómo fue su infancia?
-Hermosa. Ojalá todos los chicos pudieran tener una infancia como la que tuvimos mi hermana Nora y yo. La casa era tranquila. Vivíamos con unos tíos… Tenía fondo, quinta, árboles. Kinotos, mandarinas, naranjas… Alguna gallina. Y mi abuela en su casa tenía conejos. Y el baño estaba afuera. Si el baño estaba adentro era un lujo y recién lo tuvimos cuando nos mudamos a la casa de enfrente. La cocina era a leña. Cuando era chica, mi mamá me bañaba en la cocina, adentro de un fuentón galvanizado. Hacía mucho frío en invierno… Ella cocinaba muy rico, y hacía todos los días postres distintos. Era muy dulcera. Era tan ama de casa que se pasaba el día adentro de la cocina. Y también tejía, al crochet. Tengo cosas tejidas que parecen hechas por hadas. A la tarde venían sus amigas a tomar el té. Y mi papá… Los amigos venían sábados por medio a jugar a las cartas. Tuvo un taller mecánico durante muchos años en la avenida Sarmiento. Nosotros vivíamos al lado. Era muy buena persona. Me acuerdo que en el taller estaba el único teléfono de la cuadra, colgado en la pared, con la bocina en el costado. Y había que marcar para comunicarse con la telefonista para llamar a alguien. Yo tenía un silloncito hamaca. Y un perrito, que se llamaba Pituco, que era de cuando mi papá era soltero. Cuando se casó se lo llevó. Ese perrito no dejaba que nadie se acercara mientras me estaba hamacando. Cuando se murió, fue la única vez que vi llorar a mi papá.
-¿Quiénes eran los chicos con los que jugaba en el barrio?
- Con Alicia Cámpora prácticamente nacimos juntas y somos amigas desde muy chiquitas. Somos como hermanas. En el grupo también estaba su hermano Juan, que ya falleció, Nilda Motel, las chicas de De Sián… En esa época jugábamos mucho en la calle… Buscábamos bichitos de luz a la noche, saltábamos la soga, jugábamos a la rayuela, la mancha venenosa, la escondida… Hacíamos casitas con cañas y bolsas en los árboles…
-¿A qué escuela fue?
-A la escuela 11. La primera maestra fue Ñata Landi. Después, Lilita Selaya, y Pocha Ruiz, que siempre fue preciosa. Y Evangelina Mairac, que estaba casada con un Calvi. Entre mis compañeros estaban María Elena Barriani, Norma Grafitena, Marta Susana Grill, que era de Zeballos, los hijos del doctor Alberti, que eran terribles…
-¿Conoció a alguno de sus abuelos?
-A la abuela Emilia, que era la mamá de mi papá. Emilia Re. Era una viejita dulce. Tenía un pelo blanco, plateado, hermoso, que cuando se lo soltaba. sólo para peinárselo, le pasaba la cola… Siempre estaba vestida de negro. En invierno y en verano estaba con la misma ropa: zapatillas negras, medias negras, paraguas negro… Como Fúlmine. Vivía con el tío Juan, que era el hijo mayor, y venía de visita a casa una o dos veces por semana. Después cuando se enfermó la trajeron a casa. Estaba unos meses con nosotros y unos meses con la mamá de mi primo Quique. Murió cuando yo tenía doce años.
-¿Cómo fue su juventud?
- Linda, no tanto como la infancia, porque yo no tenía tanta libertad para salir como las chicas de ahora. Salías de día, te ponían una hora y ojo de hablar con los muchachos… Iba al Centro Cultural Sarmiento, a clases de pintura, y a leer. Eso siempre me gustó muchísimo. Deportes no hacía, Solo andaba en bicicleta. Igualmente en los clubes había equipos de básquet. Me acuerdo de que Lita Leonardini era una de las que jugaban.

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