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EL OTRO VOS

La nieta de Olga



El otro vos » 01/03/2020

Los nombres por si mismos no dicen nada más que el deseo de lo que tus adquisidores padres decidieron como tu título. En todo el resto del mundo la identidad la construís vos. Sin embargo, en Florencio Varela nos identificamos por ascendencia y descendencia. Nunca nos podemos separar como unidad de sentido de donde venimos.
Por ejemplo, Jorge era el hermano de Carlos en la escuela (que era más estudioso y llamaba mas la atención), luego pasó a ser el hijo del del Dadito, luego era el hijo de Olga hasta que se reprodujo y empezó a ser padre de.
La identidad es lo menos propio que tenemos en Varela porque es definida por los otros.
Y mientras escribo esto, me aparecen los nombres de aquellas personas (a las que no creo que les guste ser nombradas) y que han luchado por el estigma de ser hijo/a de, porque su familia es de tal o de cual manera y ellos/as sienten distinto. Y no hay nada de malo en eso.
Cuando tenía doce años, un compañero del primario vino al terminar la formación de salida enojado, muy enojado y me dijo: ¨tu hermano le pegó a mi hermano ¨. Detrás de él se escondía un niño de cinco años, con una montaña de tazos coleccionados de los paquetes de papas fritas y un ojo morado como el de un boxeador después de una pelea. Automáticamente, después de ese episodio pasé, en la escuela, de hija de Dadito a hermana de.
Algo también un poco más gracioso es el cuidado por la reputación que tenemos los varelenses. En la adolescencia, también nos puede definir el estado de las relaciones que tenemos. Esto quiere decir que ante la pregunta ¿quién es?, la respuesta puede ser: ¨el/ la que estuvo con aquel¨.
Y esto cada vez se pone más agónicamente estigmatizante.
Me da mucha tristeza la gente que no puede agradecer la identificación por el otro. Me parece que es lo más sano y lo que más debemos agradecer de todos los que nos ayudaron a dar sentido a las tipificaciones de nuestras vidas. Debemos los varelenses, agradecer a todo eso que nos constituye para empezar a entendernos desde las diferencias.
Yo fui siempre la hija del Dadito a donde fuera pero como también mi abuela era la que estaba siempre en el negocio, yo también era la nieta de Olga del Dadito. Olga era a su vez Olga la del Dadito pero también era la mujer que fue pareja de un hombre mucho más joven que ella. Es que sin dudas, si un hombre es el mayor que sale con una mujer joven, eso no cuenta como identidad.
Olga, que fue consecuencia de un matrimonio joven donde la mujer tiene que estar impecable para la pareja y también supo entender la opresión y el abuso como seducción, también pudo años más tarde, romper con todos esos protocolos con un testimonio elocuente. Olga que con el amor más sano, superó la enfermedad y no le importó arriesgar su vida para salvar a tres perros abandonados en una obra en construcción en el medio de la noche más fría de invierno. Olga que no tiene Instagram para contar lo genial que es, porque su ventana favorita es la de la cocina, donde se puede esconder y observar las peripecias de los pájaros. Y yo soy su nieta. Yo soy la nieta de Olga.


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