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HISTORIAS DE MI CIUDAD

El Vasco Martiren, el varelense que inventó la paleta



Historias de Mi Ciudad » 18/04/2020

Francés de origen, Gabriel Martiren residió en las cercanías de La Capilla, y en el llamado “Pasaje Camisa” estrenó su invento, hoy utilizado en todo el mundo.

Aunque las historias sobre los orígenes de los deportes practicados con “raquetas” o elementos similares son centenares en todo el mundo desde hace años, y remontan a tradiciones tan distanciadas entre sí como la egipcia o la maya, existen suficientes elementos para poder afirmar que el juego de pelota a paleta fue inventado por un varelense por adopción: don Gabriel Martiren, a quien todos conocían como “el Vasco Sardina”.
Nacido el 8 de agosto de 1866 en el pueblo de Banca, Provincia de Baigorry, Francia, el “Vasco”, quien tenía un tambo en las afueras de Florencio Varela, cansado de perder en los juegos de “pelota” –en los que se usaban las manos para impactar el balón- buscó un hueso de vaca, la “paleta” y empezó a competir con él contra los peones. Al notar la mejoría en sus resultados, pronto reemplazó el hueso por una madera de cajones de querosene que cortó especialmente a tal fin, y a la que le dio la forma que aún hoy, con ligeras modificaciones, sigue utilizándose en el popular deporte.
Martiren estuvo asentado en las cercanías de La Capilla, más precisamente en el llamado “Paraje Camisa”, situado en el límite entre F. Varela y Berazategui. Ahí, en el almacén de ramos generales de la familia Camisa o Camisia, además de venderse todo tipo de artículos, y funcionar una herrería, había un frontón de pelota vasca.
En 1984, Angel Basta, columnista de Mi Ciudad, dialogó en el lugar con Don Justo Camisa, que tenía entonces 90 años, y con un descendiente de él, Juan Carlos Martiren, confirmando ambos que allí nació la paleta por inventiva de don Gabriel.
El “Vasco” también usó su paleta en un histórico trinquete de la zona: el que allá por 1905 se levantaba en el restaurante “La República Gaucha”, fundado por la familia Legris, en la calle Roca Nº 869, frente a la Estación de Burzaco, donde tiempo después se levantó la casa de artículos del hogar Dranovsky Hermanos. Pese a la edificación de un moderno y amplio local, este comercio conservó en sus fondos, utilizados como depósito, el piso original, con las baldosas rojas, de esa “cancha cerrada” por la cual desfilaron, además de Martiren, campeones como José Lis, Hugo Bianco, Haiche, Echechuri, Etcheberry, Néstor Delguy, y tantos otros. En el sitio se colocó una plaqueta de bronce que recuerda a Don Gabriel. Como curiosidad puede decirse que Aron Dranovsky, uno de los propietarios del comercio, jugó a la paleta hasta sus más de 90 años de vida.
Hasta esa cancha también se dirigían muchos varelenses, entre ellos el inolvidable Eugenio Calvi, tras una pasada por el oratorio de Monte Chingolo, luego Ministro Rivadavia, paraje en el que hacían noche las carretas que marchaban hacia el interior del país, en tiempos en los que todo se hacía más despacio y disfrutándolo.
Para que quede claro: el juego de “pelota” es ancestral, pero la primera vez que se utilizó la paleta fue merced al invento del “Vasco Sardina”.
El éxito del novedoso instrumento, durante una década elaborado en forma casera, dio paso a su fabricación en serie a partir de 1915, cuando Francisco Marticorena, otro vasco, pero de Irún, provincia de Guipúzcoa, España, dio nacimiento a las famosas paletas “El Vasquito”. Estas paletas se vendieron por primera vez en “La Baskongada”, una alpargatería que estaba en la calle Moreno 919 de la ciudad de Buenos Aires y que perteneció a la Viuda de García Garborena y Navarro. Para 1923, la empresa ya vendía 120 docenas de paletas por mes.

 

La “trampa” del Vasco Sardina

Según lo relató su hijo, Juan Gabriel “Patuca” Martiren, a la revista “El mundo de la pelota” en 1987, el “Vasco” mandó a hacer cuatro paletas similares a un carpintero de Burzaco de apellido Rueda, y jugó el primer partido en pareja con un amigo al que llamaban “Pescador” contra dos rivales de cuyos nombres no se acordaba.
“Antes de usar la paleta –dice Juan Gabriel- mi padre, como el resto de los que les gustaba ese deporte, jugaban con la mano con pelota dura… Eran pelotas de cuero que hacía un canchero que se llamaba Justo. Todo esto que yo le cuento más o menos se produjo alrededor del año 1905, yo era un chiquilín de unos 6 o 7 años… Y tengo esa referencia porque en 1909, mi padre se fue a Santa Fe, a Diego de Alvear. Eran épocas lindas de la pelota. Por supuesto que primero jugaron los vascos porque trajeron el deporte de su país. Pero con el tiempo empezaron también a practicarlo los argentinos, los peones, toda la gente. Se jugaba con esa pelota dura y con un guante angosto y corto y la cesta, una modalidad de la pelota que todavía se sigue jugando, y que es esa herramienta curva (cesta punta, también llamado Jai-Alai). Y también estaba lo que se llama el share, y la pala angosta, que era una pala grande, larga, gruesa y se jugaba con pelota dura, como en España. Hay que ver cuánta gente se accidentó con pelotazos. Es que las pelotas salían como balas. Y alguno hasta llegó a perder un ojo…”.
Sobre la táctica que el “Vasco Sardina” desplegaba para ganar los partidos, su hijo relata: “en el campo se jugaba contra el frente de dos piezas de peones, y en el costado estaba la casa familiar. Bueno, ahí se improvisaba la cancha. A la derecha había una ventana y la trampa de él era: frontón y darle con la pelota a la ventana. Ya estaba ganado el tanto de esa manera. Era como una reja en una de las canchas actuales. En la casa de mi padre se jugaba mucho porque se juntaban los vecinos y enseguida se armaban los partidos. Y por supuesto, se apostaba lindo. Era el entretenimiento del campo”. “El deporte de la pelota lo trajeron al país los vascos. Pero no existía esto que ahora se llama paleta argentina –agrega Juan Gabriel- Aquella, la pala angosta, era exclusivamente para jugar con pelota dura, en cambio la nuestra no, era una especie de paletón”.

El Vasco Sardina jugó a la pelota a paleta hasta los 69 años, era de contextura robusta, nunca tomó bebidas alcohólicas ni fumó. Era muy fuerte, por lo que además de jugar con su invento, se divertía participando de disputadas “cinchadas” con sus amigos, en las que solía estar del lado de los vencedores. Se casó con María Larrondo, su acta de matrimonio decía que su ocupación era la de “tambero”, y terminó sus días como hacendado. Su holgada posición económica le permitió recorrer Europa y volver a su Francia natal en varias oportunidades, algunas de ellas en compañía de sus familiares.
Murió en Diego de Alvear, provincia de Santa Fe, el 5 de julio de 1939, a los 73 años. La lápida de su tumba, colocada por el club Huracán de aquella localidad, dice: “a la memoria de don Gabriel Martiren, inventor de la pelota a paleta- Huracán Football Club”.


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