Por Alejandro César Suárez | @alecesarsuarez
Esta vez, fueron los jubilados la excusa de los golpistas de siempre para tratar de voltear al Gobierno.
Esta vez, fueron los jubilados la excusa de los golpistas de siempre para tratar de voltear al Gobierno. La furia desatada en la marcha «de los barrabravas» no tuvo nada que ver con un reclamo histórico que lleva décadas y al que todos adherimos. Ver nuevamente a encapuchados rompiendo todo a su paso y tirando piedras sin respetar a nadie, ni siquiera a las víctimas del COVID cuyo santuario ultrajaron, remonta inevitablemente a aquella marcha de las 14 toneladas de piedras contra el Congreso, también bajo un gobierno no peronista, el de Mauricio Macri. En ambos casos, las consignas no reclamaban una mejora en las asignaciones jubilatorias, sino que «se vayan» los presidentes democráticamente elegidos.
Mostrando torpeza y falta de control de la situación, las fuerzas que reprimieron la protesta dispararon un proyectil a la cabeza de un fotógrafo, al que la Ministra Bullrich pretendió descalificar señalándolo como un «militante», como si tal condición lo hiciera pasible de un tiro al blanco. Mientras tanto, y una vez más, los que rompieron y habían sido detenidos quedaron libres. Ahora, gracias a la generosidad infinita de una jueza garantista de las muchas que parió el kirchnerismo y que siguen liberando delincuentes de toda laya alegremente todo el tiempo.
Siguiendo con las marchas, el 24 de marzo una multitud se reunió en Plaza de Mayo para recordar y repudiar el aniversario del último golpe de Estado, en una manifestación pacífica y sin incidente alguno. El mismo día, el Gobierno emitió un video donde reclama «Memoria Completa», recordando a las habitualmente olvidadas víctimas de la guerrilla, y poniendo énfasis en un detalle que el peronismo deliberadamente omite y está en el informe de la CONADEP: que más de 1100 desapariciones que luego se sumaron a la lista de las producidas en la Dictadura ocurrieron en realidad antes del Golpe, por obra de la Triple A peronista, pese a lo cual originaron millonarias indemnizaciones, muchas hoy investigadas por la Justicia, bajo la pantalla de los «derechos humanos» con la que varios hicieron política y negociados en los últimos años.
Pero la Memoria completa debe ser justamente, completa. Y al video le faltó otra parte importante: los juicios a las Juntas Militares y a los líderes guerrilleros, encarados durante la presidencia de Alfonsín, en el renacer democrático, y los indultos de Menem de los 90.
Entre marchas, memorias y convenientes olvidos voluntarios, el país continúa inmerso en una «Cinta de Moebius», discutiendo una y mil veces los mismos temas, atrapado en polémicas estériles, privilegiando necedades ideológicas por encima de hechos irrefutables e insistiendo en mirar hacia el pasado, con el riesgo cierto de repetir los mismos errores.