Ingeniero Allan, en peligro



Nota de tapa » 02/01/2026 18/02/2026

A sólo minutos del tan promocionado Parque Industrial y Tecnológico de Florencio Varela, presentado como símbolo de innovación sustentable y desarrollo productivo...

A sólo minutos del tan promocionado Parque Industrial y Tecnológico de Florencio Varela, presentado como símbolo de innovación sustentable y desarrollo productivo, la vida cotidiana de cientos de vecinos en Ingeniero Juan Allan revela una contradicción estructural: el agua que consumen no es potable.
Según el Mapa de Arsénico del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), el centro de Ing. Allan se encuentra en estado de precaución, con niveles de arsénico en el agua que oscilan entre 10 y 50 ppb, superando el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este dato, lejos de ser una denuncia aislada, surge de más de 350 muestras analizadas por el Laboratorio de Ingeniería Química y Medio Ambiente (LIQMA), de dicho instituto.
El mapa, recientemente actualizado por estudiantes de Ingeniería Informática del ITBA, es una herramienta pública, accesible y rigurosa. Desde su creación, se ha convertido en una referencia nacional para investigadores y comunidades, al ofrecer datos confiables sobre una problemática de salud pública que afecta potencialmente a más de cuatro millones de personas en Argentina.
La ingesta prolongada de agua contaminada con arsénico puede provocar Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una enfermedad que deriva en patologías graves como cáncer de pulmón, laringe, fibrosis pulmonar y tos crónica. La contaminación, en su mayoría de origen natural, se vincula con procesos geológicos milenarios como la formación de la Cordillera de los Andes. Pero su impacto actual es profundamente humano y territorial, es decir, por las actividades del hombre.

La gestión municipal encabezada por Andrés Watson ha consolidado una narrativa de «progreso industrial con enfoque ambiental». Se celebran convenios con empresas tecnológicas, se inauguran «espacios de innovación» y se difunde una imagen de sustentabilidad. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el agua que sale de la canilla en los barrios periféricos no cumple con los estándares mínimos de salubridad?
La contradicción es evidente; mientras se invierte en infraestructura para atraer capitales, no se garantiza el acceso a agua segura en zonas históricamente postergadas. Esta omisión no es sólo técnica, sino simbólica. Invisibiliza a comunidades que habitan el territorio desde hace décadas, y que hoy enfrentan una amenaza ambiental sin respuestas claras.
Cabe recordar que el abogado Andrés Watson integró durante un periodo considerable el directorio de AYSA, la empresa nacional encargada de la provisión de agua potable y saneamiento. Este antecedente compromete aún más su rol actual, ya que la falta de acciones concretas en torno a la calidad del agua en Florencio Varela representa una nueva impericia del mandatario. Su paso por AYSA debería haber implicado un conocimiento profundo de la problemática y una capacidad de gestión para garantizar soluciones, pero en el distrito la realidad sigue siendo la misma: agua contaminada y vecinos desprotegidos.
En este sentido, durante la pandemia, la recepción de muestras de agua disminuyó drásticamente. Por eso, el ITBA relanzó un llamado a la comunidad para que se sume al monitoreo, entregando muestras en su sede, con el objetivo de actualizar el mapa y tomar decisiones proactivas. Esta iniciativa contrasta con el silencio institucional local, que no incorpora el Mapa de Arsénico como insumo de gestión pública, ni habilita canales de participación vecinal para abordar el problema.
Florencio Varela no puede construirse sobre relatos disociados de la realidad. El desarrollo ambiental no se mide por metros cuadrados de parque industrial, sino por la dignidad con la que viven sus habitantes. Y hoy, en Ingeniero Allan, esa dignidad está en riesgo.
En este contexto, dado que la gestión municipal ignora los aspectos ambientales salvo «los residuos domiciliarios» y el Concejo Deliberante, como ente público y representativo, poco delibera sobre las problemáticas locales, es necesario que el municipio o ambos, reconozcan el Mapa de Arsénico como herramienta oficial, articule con instituciones científicas como el ITBA, genere políticas públicas de remediación y prevención, escuche a los vecinos y garantice el acceso a agua segura.
La gestión ambiental no puede ser sólo decorativa. Debe ser transformadora, inclusiva y profundamente humana. Este sigue siendo el Florencio Varela que no miramos.


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