Por Federico Ahrtz.
A sólo minutos del tan promocionado Parque Industrial y Tecnológico de Florencio Varela, presentado como símbolo de innovación sustentable y desarrollo productivo...
A sólo minutos del tan promocionado Parque Industrial y Tecnológico de Florencio Varela, presentado como símbolo de innovación sustentable y desarrollo productivo, la vida cotidiana de cientos de vecinos en Ingeniero Juan Allan revela una contradicción estructural: el agua que consumen no es potable.
Según el Mapa de Arsénico del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), el centro de Ing. Allan se encuentra en estado de precaución, con niveles de arsénico en el agua que oscilan entre 10 y 50 ppb, superando el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este dato, lejos de ser una denuncia aislada, surge de más de 350 muestras analizadas por el Laboratorio de Ingeniería Química y Medio Ambiente (LIQMA), de dicho instituto.
El mapa, recientemente actualizado por estudiantes de Ingeniería Informática del ITBA, es una herramienta pública, accesible y rigurosa. Desde su creación, se ha convertido en una referencia nacional para investigadores y comunidades, al ofrecer datos confiables sobre una problemática de salud pública que afecta potencialmente a más de cuatro millones de personas en Argentina.
La ingesta prolongada de agua contaminada con arsénico puede provocar Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una enfermedad que deriva en patologías graves como cáncer de pulmón, laringe, fibrosis pulmonar y tos crónica. La contaminación, en su mayoría de origen natural, se vincula con procesos geológicos milenarios como la formación de la Cordillera de los Andes. Pero su impacto actual es profundamente humano y territorial, es decir, por las actividades del hombre.