Por Federico Ahrtz.
Querido vecino, imagine una ciudad de medio millón de almas donde el 30% de los que trabajan depende de un kiosco, una verdulería, un almacén, una panadería, una ferretería de barrio o de un puesto en las ferias. Donde el comercio, ese gigante invisible, genera más empleo que la industria, que los servicios formales, que cualquier otro sector.
Querido vecino, imagine una ciudad de medio millón de almas donde el 30% de los que trabajan depende de un kiosco, una verdulería, un almacén, una panadería, una ferretería de barrio o de un puesto en las ferias. Donde el comercio, ese gigante invisible, genera más empleo que la industria, que los servicios formales, que cualquier otro sector. Donde el comercio minorista y mayorista absorbe alrededor del 30% del empleo total, según datos oficiales, superando con creces a la manufactura (20%) y dejando atrás al resto. En números duros, de los aproximadamente 209.000 ocupados en 2022 (y ajustados al crecimiento poblacional y caída de actividad), hablamos de 60.000-65.000 personas que sobreviven gracias a un mostrador, un carrito o una vidriera. En 2025, con la desocupación provincial en 9,4% (segundo trimestre, Ministerio de Economía PBA – UGE) y en el Conurbano sur rozando el 9,9-10%, el comercio siguió siendo el amortiguador que evita una tasa de desempleo mayor. Sí, querido vecino, estamos hablando del sector que genera más empleo en Florencio Varela.
Pero este pulmón de empleo está agujereado. Desde 2010 la densidad comercial (unidades por 1.000 habitantes) subió hasta un pico de 22,6 en 2015, cayó brutalmente a 15,4 en 2020 por la pandemia y la recesión, y apenas se recuperó a 17,1 en 2022. Proyecciones conservadoras para este año estiman 19 por 1.000 si no hay más shocks. El minorista (85% del total) rebota más rápido gracias al e-commerce y las ferias, pero el mayorista (15%) se arrastra por logística cara y competencia desleal y mientras tanto, la informalidad devora con un 40% de las unidades que son micro o no registradas, con subocupación y precariedad que rozan el 37-42% en barrios vulnerables.
Ante todo, esto, querido vecino, aquí radica la impericia del Ejecutivo Municipal de Florencio Varela, o mejor dicho, en los tiempos y tecnologías que corren, el escándalo; nadie gobierna para este sector que sostiene a Varela. El PITEC se promociona como el futuro industrial, pero la industria no genera la mayoría del empleo.
La Municipalidad suma líneas locales, mejor dicho, promociona las de Provincia para reactivación, pero son gotas en un incendio. No hay plan integral local, ni apoyo masivo a la digitalización, ni fondos permanentes contra la informalidad. Cabe aclarar, vecino, que la informalidad no es solo un número, sino un ciclo vicioso que erosiona la economía local, precariza vidas y perpetúa desigualdades. Tampoco hay regulación real contra las grandes superficies que asfixian al comercio de proximidad, ni inversión sostenida en infraestructura barrial, ni facilidades en trámites burocráticos como la libreta sanitaria.
Mientras la desocupación sube a 9,4 % y el empleo registrado en comercio y servicios crece apenas 0,2 % acumulado de enero a octubre de 2025 (CAC), el sector que más puestos crea queda a su suerte.
Florencio Varela no es solo un municipio, es el símbolo de un modelo que mira para otro lado. El comercio no es «secundario»; es el que evita que la calle se llene de más manos vacías. Es el que mantiene familias enteras a flote cuando la fábrica cierra o el sueldo no alcanza. Ignorarlo es condenar a decenas de miles a la precariedad crónica. Mientras todo esto sucede y se expresa en la realidad, los responsables del Ejecutivo Municipal juegan a comunicar que trabajan para el vecino, el varelense, pero la realidad es que las áreas competentes en el tema no se hablan, el responsable del área de Desarrollo Productivo pasea el perro y así se pasan las oportunidades y todo se hace atado con alambre.
Es hora de que el área competente se deje de jugar en las redes sociales, de hablar de «reactivación» en comunicados y empiece a actuar como si el comercio fuera el motor que realmente es. Porque si este pulmón colapsa del todo, Florencio Varela no se recupera. Se ahoga.