Historias de la Komarca



Edición Impresa » 02/03/2026 02/03/2026

El Doctor Pintita anda estresado otra vez. Parece que no era tan fácil sentarse en el sillón del Uno, sobre todo cuando el que manda sigue siendo el Hombre-sin-labios y a las puteadas ahora te las tenés que comer todas vos. ¡Cómo extraña el tiempo en que solo era un vasallo al que no lo dejaban usar el despacho grande del Palacete!

El Doctor Pintita anda estresado otra vez. Parece que no era tan fácil sentarse en el sillón del Uno, sobre todo cuando el que manda sigue siendo el Hombre-sin-labios y a las puteadas ahora te las tenés que comer todas vos. ¡Cómo extraña el tiempo en que solo era un vasallo al que no lo dejaban usar el despacho grande del Palacete! Después del despelote de las guaguas, que dejó a media Komarca sin poder trasladarse al laburo o a sus casas o a donde se les antojara ir, el alcalde no tuvo más remedio que bajarle el contrato a la compañía a la que sus concejales le habían permitido seguir con el monopolio, no se sabe a cambio de qué, pero se sospecha, porque hay un audio dando vueltas por los pasillos de un Juzgado que tuvo mucho trabajo últimamente, en el que un edil que ya está mirando crecer los rabanitos desde abajo y su cumpa, el histórico Tony el Cooperario, comentan la cantidad de botines que recibieron por dar vuelta la votación que impidió a los komarquinos viajar como seres humanos y no como animales durante los últimos años. Y eso que de futbolistas estos dos no tenían ni las medias. La cosa es que, al sacársele la concesión a esta empresa, que se forró con los subsidios regalados desde el Estado con nuestra guita, en épocas del kirchpunguismo, negreó a sus choferes y ni siquiera se calentó en arreglar sus colectivos y ponerlos en las mínimas condiciones para circular, reaparecieron los micros truchos, para demostrar que la Komarca es como la película El Día de la Marmota, en la que todo el tiempo siguen pasando las mismas cosas. Malas, claro. Así que no hace falta mucha imaginación para ver qué tan controladas van a estar estas guaguas, si Pintita y sus genios de Tránsito no fueron capaces de controlar a los micros que fingían cumplir con la Ley. Si viajar en un micro «legal» era más riesgoso que un fin de semana en Gaza, antes de subirse a un trucho es aconsejable dejar escrito tu testamento. Pero el sagaz Pintita descubrió la pólvora y se le ocurrió invitar a otras empresas para que recorran la Komarca, lo que no va a ser muy fácil, ya que durante tanto tiempo y por orden del Viejo acá no se dejaba entrar a nadie. Así que este kilombo todavía no terminó, y ya se sabe que, con esta gente decidiendo nuestra vida cotidiana, la única esperanza que podemos tener… es que todo empeore aún más.

El Lobo.


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