Por Alejandro César Suárez | @alecesarsuarez
El video publicado en el Facebook de Mi Ciudad se viralizó en cuestión de horas. En él se puede ver cómo, a plena luz del día, por la calle Dr. Sallarés, en el centro de Varela, un famélico ladrón, vestido con la camiseta de Boca, pasa trotando entre dos mujeres policías que no pueden detenerlo
El video publicado en el Facebook de Mi Ciudad se viralizó en cuestión de horas. En él se puede ver cómo, a plena luz del día, por la calle Dr. Sallarés, en el centro de Varela, un famélico ladrón, vestido con la camiseta de Boca, pasa trotando entre dos mujeres policías que no pueden detenerlo. El sujeto venía de robar minutos antes en dos comercios: una casa de venta de celulares y una tradicional blanquería. Y no es todo: el delincuente desapareció pese a lo llamativo de su atuendo, sin que nadie pudiera atraparlo.
El episodio, que demuestra la impunidad reinante, la inutilidad de las supuestas «políticas de prevención» del intendente Watson y la falta total de idoneidad de las uniformadas en cuestión, no hace sino reflejar lo que acontece permanentemente en nuestra ciudad, donde además de los robos a mano armada como el del caso citado, las entraderas –muchas de ellas, violentas y con torturas a sus víctimas- sobre todo a personas mayores, son cosa de todas las semanas, como también los robos de automóviles y de neumáticos, aún a pocos metros de la Comisaría Primera.
¿De qué sirven los policías que se paran alrededor de la Plaza Central mirándose las caras o atendiendo sus celulares? ¿A quién protegen las policías que se pasan todo el tiempo adentro de un comercio de la Peatonal? ¿Está capacitada esta gente para salir a la calle con un arma? ¿Saben cómo interceptar a un delincuente o evitar un robo?
Pero como tiene que ver con todo, hace rato que Florencio Varela se convirtió en un lugar inseguro. El crimen de Natalia Di Gallo, la Masacre de Senzabello, los tiroteos entre traficantes, el asesinato de Paloma y Josué, y el Triple Crimen Narco son una clara muestra de lo que está pasando. Aunque las autoridades elijan mirar para otro lado, o repartir pauta publicitaria o cargos en la Comuna para callar a los que acepten ser callados.
Y Varela, claro, no es una isla. Hace 20 años que la delincuencia se empoderó y creció en el Conurbano, favorecida por el relato progre que la romantiza y la protege. Desde la doctrina Zaffaroni, que victimiza a los criminales hasta los ciclos televisivos que les daban pantalla para que comenten, exultantes, sus actos aberrantes, en una exhibición obscena que los elevaba a la categoría de estrellas, incentivando a que continúen con sus acciones. Desde los que se opusieron a crear un registro de violadores para no «estigmatizarlos», hasta los que se niegan a sacarles los celulares permitiendo que sigan estafando y amenazando a la gente desde las cárceles. Desde los que liberaron a cientos de ladrones, violadores y asesinos por la Pandemia mientras encerraban a los buenos, y no volvieron a ponerlos tras las rejas después de la emergencia. Total, ellos se mueven con custodia y viven en bunkers inexpugnables, que por supuesto, pagamos todos.
El video del ladrón escurriéndose entre las policías es sólo una pequeña, patética muestra, de aquello en lo que nos han convertido: Una tierra sin ley, en la que los corruptos, los narcos y los chorros son los que mandan.