«En el Hospital Mi Pueblo no tienen turno para psiquiatría, y me mandan a una salita, pero en las salitas directamente me dicen que no tienen psiquiatra. Y esto es así todos los días. Ya no sé qué hacer»
«En el Hospital Mi Pueblo no tienen turno para psiquiatría, y me mandan a una salita, pero en las salitas directamente me dicen que no tienen psiquiatra. Y esto es así todos los días. Ya no sé qué hacer», le dice a Mi Ciudad un vecino que está deambulando desde hace semanas buscando un médico que lo atienda y le recete los medicamentos que necesita. «El psiquiatra que me atendía estuvo de vacaciones y cuando volvió, se cansó de cobrar poco y se fue», agrega. No es el único caso, claro. Es que la Salud Mental en Florencio Varela está colapsada. La pomposa inauguración del Centro de Salud Mental «Emiliano Galende» en Villa Angélica, en agosto de 2025, con la presencia del gobernador Kicillof, no parece haber sido suficiente para paliar la crisis. Por entonces, el intendente Watson anunciaba en sus redes: «El centro contará con un equipo interdisciplinario que brindará atención integral, prevención y contención, incluyendo casos que atraviesen consumo problemático de sustancias. Además, ofrecerá talleres y actividades grupales que acompañan a niños, adolescentes y jóvenes en su desarrollo emocional, fortaleciendo el bienestar y el apoyo a sus familias. Con el acompañamiento de Axel y el respaldo de la Provincia seguimos demostrando que estamos para cuidar a todos nuestros vecinos y acercar soluciones concretas».
Como siempre, el relato chocó con la realidad: hoy en el lugar ni siquiera hay psiquiatras.
Una crisis y una pantomina
Hace poco más de tres meses, Erica Sechi, delegada de CICOP F. Varela, alertaba acerca de la situación de la salud mental en nuestra ciudad desde La Izquierda Diario.
«La salud mental en Florencio Varela atraviesa una profunda crisis… La población joven, como muestran estudios realizados, que exceden al municipio bonaerense en cuestión, como por ejemplo un estudio publicado por la revista científica PLOS muestran a las claras, cómo este grupo poblacional es uno de los más afectados por la realidad histórica que atravesamos”
.” De hecho, en la enorme movilización de mayo en defensa de la salud pública, las consignas y demandas en relación a salud mental, fueron de las más visibles, tanto en relación a los profundos ajustes y recortes efectuados desde Nación, como también en la provincia de Buenos Aires. En un encuentro con estudiantes secundarios realizado el día 21 de Mayo, Axel Kicillof, el intendente varelense Andrés Watson y Julieta Calmels, subsecretaría de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en PBA, se jactaron del supuesto fortalecimiento en la política pública en salud para el abordaje de las problemáticas que atraviesan les adolescentes, como el bullying en las escuelas y los intentos de suicidios. Hablaron del fortalecimiento de redes, de la importancia de ser buenos compañeros, del respeto y repitieron una y otra vez, que «no están solos», como un mantra capaz de transformar la realidad material en la que los jóvenes desarrollan su vida cotidiana… Florencio Varela es un municipio que crece día a día… crecen la pobreza, el hambre, la falta de recursos en instituciones claves como lo son las educativas y las de salud…También es un municipio en el que principalmente la población, trabaja en condiciones de precariedad, sin contar con derechos laborales, como obra social y aportes jubilatorios, debiendo acudir ante cualquier emergente en salud, al sistema público, que hace décadas viene sumergiéndose más y más en el colapso... En Florencio Varela, escenario elegido para esta pantomima política entre el intendente municipal, el gobernador provincial y la subsecretaria de salud mental, los recursos son altamente insuficientes. Cada vez más los centros de salud se ven vaciados de profesionales, disciplinas indispensables como pediatría, psicología y psiquiatría brillan prácticamente por su ausencia. Los bajísimos salarios generan un éxodo de profesionales… Actualmente el municipio cuenta con apenas dos psiquiatras en el primer nivel de atención, y los turnos para tratamiento psicológico tienen larguísima espera, llegando muchas veces tarde, a la necesidad de los jóvenes. Esto sin contar que en el municipio no hay psiquiatría infanto juvenil, por lo que las familias deben recurrir a otras regiones sanitarias para abordar esta problemática…».
La nota es tan explícita como real: el sistema de salud en nuestra ciudad está colapsado, y dentro de esta problemática, la salud mental no podía ser la excepción.