Por Federico Ahrtz.
El empleo joven en Florencio Varela atraviesa una situación que no puede explicarse únicamente con discursos, estadísticas o anuncios oficiales.
El empleo joven en Florencio Varela atraviesa una situación que no puede explicarse únicamente con discursos, estadísticas o anuncios oficiales. Detrás de cada número existen historias concretas, jóvenes que buscan su primer trabajo, familias que necesitan ingresos y proyectos de vida que se postergan por la falta de oportunidades.
En marzo de 2026, durante el inicio de sesiones del Concejo Deliberante, el intendente Andrés Watson mencionó la pérdida de 15.000 puestos de trabajo. El dato expuso la gravedad del escenario laboral, pero también abrió una pregunta inevitable: ¿qué políticas públicas se impulsaron desde el municipio para facilitar la incorporación de los jóvenes al mercado laboral?
La preocupación resulta aún mayor cuando el diagnóstico no se traduce en acciones sostenidas. Mientras el Estado local y el secretario responsable del área de Empleo Municipal no ofrecen respuestas suficientes, muchos jóvenes de Florencio Varela decidieron organizarse por cuenta propia. No esperaron una solución que no llegaba, buscaron alternativas, aprendieron nuevas herramientas y construyeron estrategias para trabajar y cumplir sus sueños.
La pérdida de puestos de trabajo tiene un impacto especialmente duro en quienes intentan ingresar por primera vez al mundo laboral. Los jóvenes suelen enfrentar mayores niveles de informalidad, salarios más bajos y dificultades para acreditar experiencia. En contextos de crisis, además, son los primeros en quedar excluidos de las contrataciones.
Los datos del INDEC muestran desde hace tiempo que la población joven presenta indicadores laborales más frágiles que otros grupos etarios. La desocupación y la subocupación alcanzan niveles preocupantes, mientras que una parte importante de quienes trabajan lo hace sin estabilidad ni derechos laborales completos.
Los datos de la UNLP también han advertido sobre las dificultades que enfrentan las juventudes para acceder a empleos de calidad. La falta de formación específica, la distancia entre los barrios y los centros productivos, los costos del transporte y la escasez de redes de contacto profundizan las desigualdades.
La responsabilidad no recae únicamente en el municipio. La situación laboral está atravesada por decisiones nacionales, provinciales y por la realidad económica general. Pero el gobierno local tiene herramientas para intervenir, puede generar alianzas, abrir centros de formación, impulsar bolsas de empleo transparentes y desarrollar políticas específicas para los barrios.
La ausencia de respuestas concretas deja un vacío que los propios jóvenes intentan llenar. Allí aparecen nuevas formas de trabajo, muchas veces precarias, pero también cargadas de iniciativa, creatividad y esfuerzo.
Diego, Sofia y Maria son varelenses que frente a la falta de oportunidades, desarrollaron estrategias para generar ingresos y acercarse a sus objetivos.
El trabajo sobre dos ruedas
Sofia tiene 27 años y comenzó a trabajar como repartidora luego de quedar fuera de una cadena comercial. Al principio pensó que sería una solución provisoria. Sin embargo, la falta de nuevas ofertas laborales la llevó a sostener esa actividad ya hace tiempo.
Con una bicicleta prestada, empezó a recorrer distintos barrios. Más tarde consiguió una moto usada y amplió su radio de trabajo. La plataforma de entrega le permitió obtener ingresos rápidos, aunque variables. No tuvo capacitación municipal ni asesoramiento sobre monotributo, seguros o derechos laborales. Aprendió a organizar sus horarios, calcular gastos y cuidar su vehículo por ensayo y error.
Parte temprano desde Yrigoyen y trabaja con la plataforma en las zonas de la Universidad y el Hospital El Cruce, un área que hoy le reditúa, pero intercambia información de cómo se mueven los pedidos y donde hay oportunidades. Espera poder inscribirse en un centro de formación, para desarrollar un oficio y continuar en ese camino.