Por Federico Quinteiros
Vamos con Shirley al cinema a ver Un poeta, la película de Simón Mesa Soto que trata sobre la peligrosa obsesión del poeta colombiano Oscar Restrepo por la poesía
Vamos con Shirley al cinema a ver Un poeta, la película de Simón Mesa Soto que trata sobre la peligrosa obsesión del poeta colombiano Oscar Restrepo por la poesía, un milagro anacrónico en los tiempos modernos, de su amor por la poesía, una poesía que, hasta el día de la fecha, no le ha dado el reconocimiento buscado, la gloria esperada que él sentía que se merecía. Y ahora, ya entrado en años y errático, ha sucumbido al cliché del poeta en las sombras, poeta borracho, que busca por donde no hay, certezas llenas de incertidumbre. Un poema andante, un poema muy malo. Hasta que conoce a Yurlady, una adolescente de origen humilde que tiene una gran capacidad para escribir poemas. Los primeros diez minutos de la película son definitivos, o te toman de una manera que entrás en trance hasta el final o la sacás ahí nomás y te vas a hacer otra cosa, seguro con el celular. La película es de terror, pero a la vez no se puede parar de reir, todo lo que empieza como tragedia, termina como comedia, y viceversa. La parte de la fiesta es increíble, toda fiesta es así, como cuando a mis tíos bukowskianos les preguntaba si hubo baile. Oscar, que no está tomando, recibe el saludo de “Hola, poeta” y basta eso para que se transforme, luego del saludo de uno de esos amigos financieros que le prometían el oro y el moro, que le dijo en otra parte del filme a Osquitar: ustéd de lo que tiene que escribir es poemas sobre guerra, violencia, indígenas, el amazonas, los maricas, todas esas que les gustan a los europeos de nosotros, pille, este poema es de mi auditoría: que linda que está la luna/redonda como una fruta/y si se llega a caer/que golpe tan hijoeputa.. La parte donde Oscar tiene que dejar a la niña en su casa, pero como la niña no está en condiciones de nada, pues apenas puede bajarla del coche, es sublime. Oscar la apoya contra el coche después de bajarla y mientras ve la cima donde tiene que subirla a su casa, la niña sale rodando calle abajo. La película es un fresco de la vanidad del mundo artístico y de la verdadera poesía que se encuentra en donde menos la esperamos, es solo cuestión de buscarla. Puede haber poesía en un colectivo, en una confitería, en una cancha de fútbol, en el colectivo, hasta en la conciliación de una cuenta bancaria o el archivo de un sumario. Salimos del cine riendo y emocionados a la vez, porque no podíamos creerlo.
Caminamos de vuelta hasta la peatonal mientras la noche de Varela se cerraba, hicimos una parada en estos bazares todo por dos pesos, donde lo vi a mi profesor de tenis querido Mauro “Rinus” Michel, el creador del famoso tenis mecánico (me pregunto si pensará que Djokovic es mejor que Federer y Nadal y de por qué el tenis ya no es lo que era, pero qué es lo que era entonces), pero él iba apurado comprando alguna de esas baratijas y no pude gritarle que me siguiera esperando para filmar nuestra película en esos hermosos y pintorescos complejos de tenis que frecuenta.Una vez afuera, Shirley se fue a seguir viendo cosas por ahí, mientras yo me dispersé, como una triada, por las tres librerías de mi ciudad, mis tres librerías queridas, con todos esos libreros tan amables y considerados que no creo que compitan entre sí ni tampoco sean tan amigos, buenos vecinos hacen buenos muros, o algo así, siempre me llevo alguna joyita de cada librería, soy un buscador de tesoros, bájenme los precios, amigos míos. Si se pudiera atrapar el mundo con un verso. Mi amigo poeta Darío Vicente Soto lo dice mejor:
LLEGAR AL NUEVO MUNDO ASÍ
Todavía no le hice ninguna pregunta a la IA
No tengo tarjeta de crédito
mi cuenta de mercado pago está vacía
Aún así sigo sin poder dormir cuando cierro los ojos
Mi celular se tilda y saca fotos en blanco y negro
Llevo mis notas en un cuaderno viejo
Mis redes sociales no las cuento
Solo hay fotos de otras épocas
Pero ese era yo.