EL OTRO VOS

Lo que le debemos a Florencio Varela

El otro vos » 01/05/2019

«Hombres de opiniones extremas, que abdican el juicio en manos de la pasión, son los enemigos más eficaces de su propia causa»


Florencio Varela, Comercio del Plata.

 

 

«¡Bajate del obelisco!» me dijo una vez una profesora mientras yo escalaba la pirámide que está ubicada en el medio de la Plaza San Juan Bautista frente a la Municipalidad de Florencio Varela. Me acuerdo que me dio un poco de bronca y una vez abajo, yo le dije que ese no es el obelisco, es una pirámide. Ella me contó que es una réplica en escala del mismo, y yo jamás volví a treparme al obelisco más por vergüenza que por honor. Pero también me di cuenta lo poco que sabía sobre los monumentos.
La ciudad de Florencio Varela lleva el nombre del escritor, poeta y político unitario detractor que dejó su vida para derrotar al nefasto y egoísta inflexible Juan Manuel de Rosas. La ciudad de San Juan (Florencio Varela) nombrada después de la inauguración de la estación de ferrocarril con ese nombre, era en principio un lugar de bosques y campos abiertos donde la actividad económica principal era la agricultura y ganadería, trabajo que después aprovecharían los inmigrantes recién llegados y luego harían colonia.
Florencio Varela fue tierra de oportunidades. Así fue como los primeros barrios llevaron el nombre de los primeros habitantes.
El recordado historiador Ángel Basta se encargó de recopilar algunos datos y en una entrevista para el portal varelapuntocom, que también fue nota de Mi Ciudad, cuenta que el primer ascensor del país fue puesto en un barrio de Florencio Varela en la casa de una señora que andaba en sillas de ruedas y era del tipo manual.
También en esa entrevista, Basta cuenta que hay un registro de Carlos Gardel a sus catorce años en la comisaría varelense.
Florencio Varela era una ciudad de veraneo y la llamaban la «Córdoba de Buenos Aires» por su altura (30 metros sobre la altura del mar) y la semejanza en el aire que se respiraba. «Era limpio y puro» me dijo mi bisabuela Olga Casas, trabajadora de la empresa Alpargatas, una de las primeras empresas argentinas que incluyó mujeres.
Algunos con menos certeza de los rumores que corrían, dicen que los padres traían a sus hijas con las primeras menstruaciones para purificar su espíritu. Pero aún más popular era esta ciudad para los que sufrían de enfermedades respiratorias como el asma. «Venían, se instalaban un mes y se iban» me contó mi bisabuela.

No nos damos cuenta pero cada día al esquivar el «bicho canasto» en realidad estamos rodeando la representación de uno de los monumentos a la bandera más excéntricos, atracción de muchos de los primeros visitantes. Inaugurado el 2 de julio de 1938 en homenaje a los generales José de San Martín y Manuel Belgrano, simboliza la llegada a las altas cumbres del memorable Cruce de los Andes y es el segundo más antiguo de la República Argentina. Fue diseñado por Godofredo Coca y construido por Simón Sperandío en Avenida San Martín y 9 de Julio con los mismos adoquines con los que se construían las calles.

Ahora que un poder gobierna por más de 29 años, ahora que en la política algunos valores han sido perdidos o robados, devolvámosle el honor a aquel joven periodista y bibliotecario por el cual ha sido nombrada la ciudad en honor a la pasión y la dedicación de un hombre por salvar la reputación de una revolución.


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