EDITORIAL

Importando grietas



Editorial » 01/12/2019

Que Argentina está políticamente partida en dos no es ninguna novedad. Y por si faltaba algo para demostrarlo, el triunfo de Alberto Fernández por 48 a 40 por ciento, muy lejano de los más de 20 puntos que pronosticaban todas las encuestadoras, lo dejó muy en claro. Que Macri obtuviera tal cantidad de votos después de cuatro años de una de las peores políticas económicas que se recuerden en nuestra historia no significa que sea Churchill, sino que casi la mitad del país no quiere al kirchnerismo. No hay otra forma de justificar la adhesión que recibió el presidente saliente, que el espanto a lo que finalmente retornó.
La novedad es que la grieta ya excede nuestras fronteras. La hay en Venezuela, en Chile, en Bolivia y hasta en Uruguay. Y muchas de estas grietas extienden sus efectos a nuestro país. Gran parte del universo K y la Izquierda vernácula, que habla siempre y corta las calles «en nombre del pueblo», pero saca el 2 por ciento en las urnas, reverencia a Maduro, pese a que transformó su gobierno en una dictadura donde a los opositores ni siquiera se los encierra: se los asesina. Es la misma gente que aplaude la revuelta en Chile, porque es la «reacción a un gobierno de Derecha», pero repudia las manifestaciones contra Evo, porque los que marchan contra él son «golpistas», soslayando el hecho de que el presidente violó las leyes bolivianas y hasta desconoció el referéndum que le negaba su reelección para buscar perpetuarse en el poder.
Esa empatía tuerta, que siempre ve el mal en ciertas ideologías pero nunca en las propias, se manifestó una vez más en la Argentina. Así, pudimos ser testigos de varias marchas en contra de Piñera y a favor de Morales, y hasta fuimos testigos de cómo, en la sede de la Universidad Jauretche, de Florencio Varela, en un acto proselitista más de un centro educacional que ya nos tiene habituados a verlo funcionar como unidad básica de un sector político, se izó junto al pabellón nacional, la bandera Wiphala, símbolo del «Estado Plurinacional de Bolivia», algo que está expresamente prohibido por la Ley 23.208, sancionada durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que establece expresamente que la bandera nacional «no podrá compartir mástil con ninguna otra».
Y ya que hablamos de Alfonsín y de los «golpes» en América Latina… ¿Qué fue lo que hicieron con su gobierno, algunos que ahora se reciclaron y lo elogian, pero en su momento lo boicotearon y obligaron a entregar el mando antes de tiempo? ¿Qué fue lo que otros –o los mismos- hicieron con De la Rúa? Y yendo más atrás, ¿Cómo irrumpió Perón en la política nacional, sino participando de un golpe militar?
Derechas, izquierdas, divisiones de ayer y de hoy. Demasiadas grietas. Y como si no alcanzaran las propias, ahora también las importamos.


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