Bomberas varelenses, por amor a la comunidad

Sociedad » 01/02/2020

El oficio de bombero es una de las labores más reconocidas en todo el mundo, además de ser una de las más peligrosas. Sin embargo, nada detiene a estas mujeres en el cumplimiento del deber, dándolo todo sin recibir nada a cambio. Satisfacción, vocación, incondicionalidad, son algunas de las palabras, con las cuales ellas definen esta actividad. La que todos los días cumplen dentro del cuerpo de bomberos de Florencio Varela.
“Es lindo ver que salvaste una vida, la casa de alguien que no tenía nada, o una mascota, eso te llena”, dijo la cabo Sabrina Martínez a Mi Ciudad. La bombera Mariana Aquino añadió: “Y el hecho de utilizar el tiempo libre para ayudar a los demás, no solo extendiendo tu mano, sino también estando en esos momentos difíciles con otras personas y con aquellos que decidieron ser parte del cuerpo, sabiendo que estamos preparados para hacerlo”.
Es común creer que no hay muchas mujeres en los cuarteles, pero no es así. Hay un número significativo, aunque es probable que, en proporción, sólo representen cerca del 20 por ciento de la fuerza, (El cuartel de Florencio Varela cuenta con casi 20 mujeres). Es posible que, desde el prejuicio, se piense que no es un oficio para mujeres, no sólo por una cuestión física, sino porque insume la mayor parte del tiempo de la vida de los voluntarios.
“Estamos en un ambiente un poco machista, pero no sirve de nada imponerse, simplemente tenés que ponerte a la par”, comentó Martínez y agregó: “No es que estamos en desventaja, porque de ser así los varones también lo estarían, es por eso que nos complementamos, además una tiene que ganarse el lugar”.

Mariana remarca constantemente su labor como la acción de querer el bien de la otra persona por sobre todas las cosas: “Del cuartel salís por cosas serias o por aquellas que resultan ser diminutas, pero para nosotras todo es importante y a la vez es algo incondicional que habla del compañerismo” y manifestó: “No importa lo que uno trae ni lo que deja, sino que aquellos que van regresen”.
Cada salida del cuartel es una situación diferente para estas mujeres. “En muchos casos hemos vivido cosas buenas, otras tristes, algunas me llegaron más y en otros casos sentís empatía”, dijo la Cabo Verónica Fernandez y añadió: “Me ha tocado asistir un parto e incluso ayudar a un nene de tres meses que estaba sufriendo un paro cardíaco, son cosas que te regocijan y es por eso que las tomo como una vocación, pero no me considero una heroína”.
Para las bomberas lo suyo es una cuestión de aptitud abocada al servicio total y desinteresado, para la cual hay que estar preparado en cuerpo y alma. “Quien quiera ingresar, más allá de ser mujer u hombre, tiene que tener muy claro el para qué y el por qué lo hace, debe ponerse metas porque en el medio pueden surgir un sin fin de problemas”, comentó la cabo Fernández y aseguró: “Es una responsabilidad estar en la calle, es un trabajo de riesgo”
Sabrina Martínez agregó: “No es algo personal, es un trabajo en grupo, porque sos consciente de que salís del cuartel con cinco personas a cargo y esas cinco deben volver”. Ellas consideran a sus compañeros como una familia, con las cuales discuten, tiene sus idas y vueltas, pero siempre deben tratarse con respeto.
Más allá de este gran grupo están las cuestiones personales de cada una, ya sea por el trabajo o los estudios. Como así también, los de sus seres queridos, para quienes esta profesión es difícil de entender, aunque sin embargo son quienes más las apoyan y los que más pendientes están del sonido de las sirenas cuando sus hijas, hermanas, madres, etc. están en servicio.
Muchas decidieron ser parte del cuerpo por varias razones, que iban desde: ser descendientes de bomberos, por curiosidad, por amor al oficio o por cuestiones personales que las marcaron donde sintieron que nada podían hacer. “Me quedaron muy marcadas dos intervenciones”, dijo Martínez, recordando cuando socorrió a una chica quien había sufrido un ataque de epilepsia en un almacén junto con su pequeña hija. Por otro lado, recordó el segundo momento y por lo tanto el más atroz de su vida, el de una nena de cinco años que fue víctima en un accidente de tránsito y que tras una serie de operaciones no logró sobrevivir.
El trabajo de un bombero tiene sus momentos felices y sus tragos amargos, ellas son las mujeres que están dispuestas a todo, corren contra el tiempo y tras las sirenas que anuncian el desastre. Dejando con el corazón en la boca a sus seres queridos quienes esperan su regreso, dejando comidas inconclusas, apuntes sobre las mesas, momentos en familia, abandonándolo todo por un simple gracias de aquellos a quienes ayudaron.


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