Chatarra sin control



Exclusivo » 01/07/2026 17/08/2026

En Florencio Varela, el crecimiento del territorio no es desordenado por azar. Es desordenado por diseño, o mejor dicho, por la ausencia absoluta de diseño.

En Florencio Varela, el crecimiento del territorio no es desordenado por azar. Es desordenado por diseño, o mejor dicho, por la ausencia absoluta de diseño. Sobre todo en el oeste del distrito, donde la desidia municipal ha levantado un paisaje de barrios que ya no saben si son residenciales, industriales o depósitos a cielo abierto. Y ese desorden no es solo estético, es una violación sistemática a los derechos humanos y a la Constitución Nacional, que nos garantiza el derecho a habitar un ambiente sano y equilibrado.
Los funcionarios públicos tienen una obligación indeclinable, velar por ese derecho, aunque luego utilicen sus equipos de comunicación para decir barbaridades. Este deber, no es una frase de manual ni una consigna de campaña, es un mandato constitucional, pero en Florencio Varela, ese mandato se evapora frente al aire acondicionado de las oficinas municipales.
Miren los barrios, calles enteras donde conviven casas humildes con fábricas o depósitos que jamás debieron estar ahí según cualquier lógica habitacional mínimamente sensata. ¿Por qué están? Porque la zonificación municipal es un papel mojado, irrelevante, que se aplica solo cuando molesta al de enfrente y se ignora cuando conviene al que tiene «buenos contactos». Esa es la verdadera lógica económica que impera, no la del desarrollo ordenado, sino la del «dejar hacer» que beneficia a unos pocos y perjudica a la mayoría.
Mientras tanto, en la Oficina de Empleo municipal, con más caciques que administrativos, Talibanes del aire acondicionado, como los definió con precisión un vecino cansado, poco y nada les interesa relevar la realidad del distrito para generar políticas de empleo genuinas. Porque eso, vecino, cuesta trabajo y para el «medio pelo» que impera entre los jerárquicos de la gestión actual, como decía el recordado Jauretche, el trabajo de verdad siempre es demasiado esfuerzo.
El Ejecutivo municipal, ultraconservador por convicción, prefiere que todo siga exactamente igual. El relato épico de «hacemos lo justo y necesario» les alcanza para sostener el mandato. Cambiar, ordenar, planificar, sería admitir que durante años se gobernó mirando para otro lado y eso, claro, no entra en el libreto.
Entre idas y vueltas aparece, como siempre en Florencio Varela, la economía real de los que no llegan a fin de mes y menos aún los visibiliza la oficina de empleo. En este contexto aparece la recolección y acopio de chatarra. Metales que se convierten en ingreso para familias vulnerables. Una red que, como toda red económica informal en parte, escala, cuanto más grande, más se gana por kilo. Los de abajo, informales, como es costumbre y nada nuevo bajo el sol, salvo cuando ese «negocio» se instala en un lugar simbólico.
Porque en Avenida Novak, sobre un predio de cuatro hectáreas que alguna vez albergó el Frigorífico El Látigo, el cual era propiedad municipal, arrendado y luego vendido con la bendición del Concejo Deliberante de aquella época, muchos funcionarios de los cuales aún siguen cerca de esta gestión, hoy se levanta un emprendimiento de recolección y acopio de chatarra, con una mega obra de construcción. Grandes muros, actividad a full. ¿Certificado ambiental? No. ¿Asistencia o control del área de Ambiente de la Municipalidad? Tampoco.

Qué raro, ¿no? Cuando se trata de plantar banderas de «voluntariado ambiental» o fotos con arbolitos, la gestión es hiperactiva. Cuando se trata de controlar un emprendimiento que, por su propia naturaleza, genera impactos ambientales en un predio que ya tiene historia de desaciertos políticos, el silencio es ensordecedor.
El Frigorífico El Látigo fue vendido «en beneficio de los varelenses». Los trabajadores terminaron en la calle, el predio fue saqueado y hoy, en el mismo lugar, se monta otro negocio sin los mínimos controles que la ley exige y el Ejecutivo, tan conservador, tan amigo de «que todo siga igual», mira para otro lado. Otra vez.
Querido vecino otra obra que no posee cartel de quien es el responsable y quien es el director técnico, de dicha obra, a solo metros del corralón municipal de obras públicas…. Listo el pollo, como decía el abuelo.
Podemos suponer, por los hechos, que en Florencio Varela la zonificación no es una herramienta de planificación, es un adorno, según lo conveniente y los contactos. La desidia, más que un error, se ha convertido en la verdadera política de Estado. Mientras los vecinos respiran polvo, conviven con depósitos ilegales y ven cómo sus derechos ambientales se degradan día a día, la gestión sigue escribiendo su relato épico y apuro certificado PARA TODOS.
El ambiente no espera y los derechos humanos en este aspecto tampoco y los varelenses, menos.
Es hora, aunque ya sea tarde, que la zonificación deje de ser irrelevante y pase a ser obligatoria. Porque desordenar el territorio no es solo mala gestión, es lisa y llanamente, una forma de negar el futuro. Este es también el Florencio Varela que no miramos.

 


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